Sociedad 09/02/2024 13:16 hs

El hombre que estuvo al borde de la muerte tras sufrir un ACV y se salvó por un milagro de Mama Antula

Claudio Perusini estuvo muy grave en un hospital de Santa Fe en el 2017. Su familia recibió una estampita de la primera santa argentina y empezaron a rezar. La confirmación de la Iglesia de la historia que permitirá la canonización de María Antonia Paz y Figueroa el próximo 11 de febrero

  •  Perusini con la estampita de Mama Antula en la mano (Flavio Raina)  Perusini con la estampita de Mama Antula en la mano (Flavio Raina)
  •  Un jesuita, amigo de Claudio Perusini, acercó la imagen de Mama Antula a la familia  Un jesuita, amigo de Claudio Perusini, acercó la imagen de Mama Antula a la familia
  •  De joven, Perusini conoció a Bergoglio y se sumó a los jesuitas de la Compañía de Jesús  De joven, Perusini conoció a Bergoglio y se sumó a los jesuitas de la Compañía de Jesús
  •  Mama Antula será canonizada este domingo 11 de febrero con una ceremonia en el Vaticano  Mama Antula será canonizada este domingo 11 de febrero con una ceremonia en el Vaticano
  •  Uno de los patios de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales construida por Mama Antula en Buenos Aires (Gustavo Gavotti)  Uno de los patios de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales construida por Mama Antula en Buenos Aires (Gustavo Gavotti)

El próximo domingo 11 de febrero será la canonización de María Antonia Paz y Figueroa en el Vaticano. La ceremonia estará a cargo del Papa Francisco. Pero detrás de la primera santa argentina hay dos milagros confirmados por la Iglesia que hicieron posible la concreción de esta celebración religiosa.

Uno de los casos es el de Claudio Perusini, un santacruceño, que en 2017 estaba en Santa Fe de visita por un tema familiar. De golpe la situación cotidiana con su mujer María Laura y sus hijos Juan Francisco e Ignacio.

 

La vida de Claudio en peligro

Entonces, su pareja lo encuentra desmayado en el piso de la casa. Perusini había sufrido un accidente cerebrovascular. Enseguida fue internado en el hospital santafesino, Cullén. El cuadro era muy grave y corría peligro su vida.

El primer parte médico del Cullén hablaba de un ictus isquémico con infarto hemorrágico en varias zonas, sepsis, coma profundo y shock séptico resistente con fallo multiorgánico.

Todas esas palabras dichas por el médico de la terapia intensiva del hospital de Santa Fe resonaron en las cabezas de la familia de Perusini.

Luego, una tomografía mostró un infarto extenso del tronco encefálico. Los doctores afirmaban con los estudios en la mano que Claudio tenía pocas posibilidades de volver a la vida normal, debido a las lesiones cerebrales irreparables que había sufrido con el ACV.

PUBLICIDAD

En apenas unos pocos días siguieron las malas noticias para los Perusini. En otro encuentro con los médicos de terapia intensiva les informaron que a Claudio le quedaban pocas horas de vida.

Su esposa siempre recordará unas frases de una de las enfermeras que lo atendían. “Preparate chiquita. Si se muere es largo, pero si vive va a ser más largo aún” y le entregó la alianza y la ropa de su marido. Esta frase la reveló en un reportaje con Nunzia Locatelli y Cintia Suárez para Infobae realizado el año pasado.

 

La estampita de Mama Antula

La familia pasó a la sala de terapia para despedirse de Claudio. El hombre agonizaba. Los médicos le habían dado menos de 24 horas de vida. Pasó ese tiempo y a los dos días, seguía el mismo cuadro. En ese momento, llega desde Buenos Aires un amigo muy cercano de Perusini con una estampita de Mama Antula. El milagro tan esperado estaba en camino. Mientras tanto los médicos mantenían su pronóstico. Hablaban de estado vegetativo y de una posible desconexión de Claudio.

El que había llevado a Mama Antula hasta el hospital Cullén fue Monseñor Ernesto Giobando, un jesuita que había llegado a Santa Fe para acompañar a su amigo Claudio.

En la entrevista con Infobae, María Laura recuerda que “no la conocía a Mama Antula, pero el padre Ernesto me dijo que le rezara a ella. Lo hice porque Claudio era mi vida, mi compañero, mi amor, y se estaba muriendo”.

En la sala de espera del hospital Claudia y sus hijos empezaron a rezar, siempre con la estampita de Mama Antula en la mano. La salud de Claudio seguía en un abismo entre la vida y la muerte.

Así lo recuerda María Laura en la entrevista con Locatelli y Suárez. “Un día tenía infección pulmonar, otro día no respondía otro órgano, otro día mejoraba. Entonces había como una pequeña luz de esperanza. Y así continuamos durante aproximadamente diez días. Claudio había recuperado signos vitales. Podía apretar una mano o mover una pierna. Seguía el dedo con la mirada, pero no podía hablar tampoco. Así nos tratábamos de comunicar”.

Pasaba el tiempo y los Perusini seguían aferrados a la vida a través de los rezos a la estampita con la figura de Mama Antula. Esa pequeña imagen que les había traído desde Buenos Aires su amigo jesuita. Entonces, una mañana Claudio retomó sus signos vitales. Se iniciaba un proceso de rehabilitación para retomar sus funciones motoras. Hoy en día, el hombre del milagro puede contar su historia.

 

El hombre del milagro

En la entrevista de octubre del año pasado, Perusini cuenta sus sensaciones al reconocerse como el hombre del milagro de Mama Antula. “Sabíamos que iba a pasar de un momento a otro, monseñor Giobando nos había adelantado algo. Pero la cabeza ciertamente estaba en otro lugar. Me lo comunicó mi sobrina desde Canadá”, relata Claudio.

Claudio quedó muy impresionado por la sencillez de Bergoglio y decidió entrar a la Compañía de Jesús. Fue durante un tiempo el cocinero. Los fines de semana tenía la colaboración del futuro papa Francisco.

En ese momento Perusini le comenta a Bergoglio sus deseos de ser sacerdote. El religioso se opone. No es para vos. No vas a ser feliz. Busca otro rumbo y en el futuro yo bautizo a tus hijos”, recuerda Claudio las palabras de Bergoglio.

Así se dieron los cruces de Perusini. Desde su juventud cercana al que luego sería el papa Francisco, su ACV que lo hizo estar cerca de la muerte y esa estampita de Mama Antula a la que le rezó toda su familia que se convirtió en un milagro de la vida.

Claudio conoció a Jorge Bergoglio en el año 1976 a los 17 años, cuando era apenas un estudiante. El futuro Papa Francisco, en tanto, era el referente de los jesuitas en Santa Fe.

El primer encuentro entre ambos se dio cuando Perusini acompañó a un sacerdote hasta esa ciudad. Bergoglio, que por entonces era superior de los jesuitas, los recibió a todos con mucha cordialidad y los invitó a comer a su casa.

 

La relación con Bergoglio

“Sacó de la heladera un maple de 30 huevos, cebollas, papas y condimentos e improvisó una gran tortilla de papas, la cortó en seis porciones que compartieron entre todos”. Así recordó Perusini su encuentro con Bergoglio.

Claudio quedó muy impresionado por la sencillez de Bergoglio y decidió entrar a la Compañía de Jesús. Fue durante un tiempo el cocinero. Los fines de semana tenía la colaboración del futuro papa Francisco.

En ese momento Perusini le comenta a Bergoglio sus deseos de ser sacerdote. El religioso se opone. No es para vos. No vas a ser feliz. Busca otro rumbo y en el futuro yo bautizo a tus hijos”, recuerda Claudio las palabras de Bergoglio.

Así se dieron los cruces de Perusini. Desde su juventud cercana al que luego sería el papa Francisco, su ACV que lo hizo estar cerca de la muerte y esa estampita de Mama Antula a la que le rezó toda su familia que se convirtió en un milagro de la vida.

 

Comentar esta nota
Más de Sociedad