Opinión 17/01/2023 13:06 hs

Impuesto a la moralina

Por Adrián Simioni

Impuesto a la moralina

Un pequeño miniescándalo se desató el fin de semana en las redes sociales. El motivo: el senador cordobés Luis Juez fue fotografiado de vacaciones en una playa mejicana y mucha gente comenzó a criticarlo. Se lo ve a Juez con una malla amarilla, parado sobre la playa, charlando con una mujer. Una situación de lo más común. El puntapié inicial lo dio el piquetero Luis D'Elía, que posteó la foto y dijo: "Si lo ves salir en TN o en LN+ a Luis Juez, hablando boludeces como siempre y dando lecciones de vida y toda esa zaraza, solo acordate que se comunica desde ''Costa Mujeres'', la nueva playa premium de Cancún, México. Que no te tomen de boludo", afirmó el líder social.

Un vocero de Juez confirmó que el senador está en la zona, aunque no sabía si está exactamente en Costa Mujeres, uno de los muchos resorts del área de Cancún, que tampoco es para volverse loco.

Las críticas apuntan en general al hecho de que funcionarios y legisladores viajen al exterior en medio de la escasez de dólares y de la pobreza reinante. No tienen mucho más sustento que eso.

La verdad, lo único que exponen las críticas es el atraso y el aislamiento cada vez más grave en que vive una cantidad creciente de argentinos. Cada vez más ensimismados en nuestro propio pupo, encerrados en un mundito conceptual cada vez más estrecho, en la miseria que viene podando proyectos y expectativas desde hace ya demasiadas décadas. Ahí se cocina el resentimiento. Pero también la ignorancia. Cada vez sabemos menos cómo funciona el mundo. De tanto no poder ir ni a la esquina, terminamos pensando que un resort all inclusive es algo de lujo. La verdad es que es la forma normal del turismo. 

Sólo en la diminuta Isla Mujeres, donde supuestamente está Juez, pasan por mes 200 mil turistas, cada año se agregan 1100 nuevas habitaciones de nuevos complejos. ¿Qué creemos? ¿Que todas esas camas se llenan con millonarios tipos Bill Gates? En el mundo eso es popular, masivo, cientos de millones de personas que viven y trabajan en países normales vacacionan allí. Millones no van no porque no puedan sino porque no se les ocurre. Millones de europeos, latinoamericanos, norteamericanos y asiáticos van y vienen cada vez más por todo el mundo, sin drama. Los dólares que llevan unos son euros que traen los otros. Eso es lo normal. Lo anormal es lo que vivimos nosotros por las pésimas políticas que venimos aplicando desde hace décadas, que nos empobrece el bolsillo y nos embrutece la mente. 

Lo anormal es este cepo, donde para poder viajar hay que pagar impuestos estrambóticos que no existen en ningún lugar del mundo, donde hay que viajar con billetes de papel porque no se puede confiar en que nuestras tarjetas sean recibidas, donde los turistas extranjeros tienen que hacer un curso de finanzas para poder pagar con sus tarjetas sin que los esquilmemos queriendo cambiarles sus dólares al cambio oficial.

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Toda nuestra extravagancia. Lo que habría que cobrar es un impuesto a la moralina, un impuesto a los que se horrizan porque alguien ejerce su libertad para viajar a donde se les canta; un impuesto a los ignorantes, al atraso mental, a los que de tanto estar encerrados en el cepo cultural de nuestro país han terminado por sentirse a gusto en sus cuatro metros cuadrados de siempre.

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