Opinión 10/07/2022 13:00hs

La columna de Alejandro Borensztein: ALGUIEN TIENE QUE CALMARLA

Si el 1° de junio usted ganaba 1000 dólares, hoy gana 745. En tan solo un mes, y con sus tres recitales, Ella nos comió un 25% en dólares del sueldo. ¿Qué fue lo que pasó? Nada nuevo: Cristina Fernández de Kirchner.

La columna de Alejandro Borensztein: ALGUIEN TIENE QUE CALMARLA

Dada la amplia difusión que viene teniendo la regla de oro kirchnerista, cabe aclarar un detalle importante. Dice la máxima: “Cada vez que el kirchnerismo raja a un funcionario o a una funcionaria siempre será reemplazado por algo peor”. Acá es muy importante utilizar la palabra “algo” en lugar de la palabra “alguien”. La explicación es que, de continuar la tendencia actual, en poco tiempo el kirchnerismo no encontrará seres humanos que cumplan con la regla (o sea “alguien” peor) y deberá recurrir a otras especies (o sea “algo” peor).

Por ejemplo, si un día lo rajan a Cafiero no les va a quedar más remedio que reemplazarlo por “algo”, digamos una ardilla o un caballo, como hizo Calígula. “Yatasto, juráis por Dios, la Patria y los Santos Evangelios desempeñar con lealtad y patriotismo… etc., etc.” , dirá el “presidente” cuando le tome juramento al caballo y este acepte relinchando ante el aplauso de un montón de kirchneristas acostumbrados a aplaudir cualquier cosa.

Se podrá decir que es absurdo poner al frente de la Cancillería a un caballo ya que, entre otros inconvenientes diplomáticos, el equino no habla inglés. Vamos, digamos la verdad, si es por mantener el nivel de inglés de Solá y Cafiero, con un caballo alcanza y sobra.

En el caso de Batakis, a quien desde ya le damos la bienvenida a este Cirque du Soleil, cuando Cristina decida rajarla podrá cumplir con la regla de oro designando a Fernanda Vallejos. De ahí en adelante, solo quedará recurrir a otra especie como un perro, una planta de albahaca o un pulpo. En realidad, lo del pulpo es injusto dado que está considerado como uno de los seres más inteligentes y no calificaría como reemplazo “peor” si hubiera que echar, por ejemplo, a Manzur. Mucho menos si tuviéramos que despedir a Gabriela Cerruti que, a la hora de explicar lo que hace el gobierno, no puede competir contra un molusco cefalópodo octopodiforme. Gran candidata a conservar su cargo hasta el final y de pasar a la historia como símbolo inolvidable de estos tiempos.

Aclarado el punto, ampliemos la lista de los últimos renunciados. En medio del caos, esta semana también dejó su cargo el secretario de comercio Guillermo Hang que hace un par de semanas reemplazó a Roberto Feletti quien, a su vez, había sucedido a Paula Español. O sea, lo colgaron a Hang (cuaaacc) y lo reemplazaron por un tal Martín Pollera. Bienvenido señor Pollera. Esperemos que este muchacho nos dure un poco más así nos entretenemos. El apellido ayuda. Tiene un gran potencial para todo tipo de alegorías referidas al actual momento político. Por supuesto, la sucesión Español/Feletti/Hang/Pollera cumple con la regla de oro. Basta esperar la inflación de julio para comprobarlo.

Dicho esto, vamos al problema de fondo: diga lo que diga y haga lo que haga, ni el capitalismo ni Occidente confían en Cristina. Por eso pasa todo lo que pasa. Alguien debería calmarla de una buena vez porque, gracias a Ella, cada día somos un poco más pobres. Hagamos cuentas.

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Supongamos amigo lector que usted tiene un buen sueldo, digamos unos 205.000 pesos mensuales por poner una cifra que facilite la comprensión del problema. El viernes 3 de junio, un mes atrás, el dólar verdadero costaba 205 mangos, o sea que usted ganaba exactamente 1.000 dólares por mes. Aclaremos que ese valor del dólar venía desde el 1° de enero de 2022. Todo mal pero con un dólar estable.

Ese viernes 3 de junio, Cristina no tuvo mejor idea que subirse al escenario de Tecnópolis para cantar contra el “presidente” (lo tenía al lado) Guzmán y Kulfas. Una semana después, Kulfas había entrado en su pasado, en el pasado de Cristina, el gobierno tenía el alma herida y el dólar había subido a 220 mangos. Su sueldo ya no era de 1.000 sino de 931 dólares.

Se ve que a Cristina la volada de Kulfas no le alcanzó porque unos días después, el 20 de junio, salió a hacer un show en la CTA presentando sus grandes éxitos. Al día siguiente el dólar trepó a 230 mangos y su sueldo, amigo lector, había caído a 891 dólares.

Medio gobierno tambaleando no fue suficiente para calmar la furia de nuestra estrella favorita. Diez días después, el 2 de julio, Cristina presentó su show en Ensenada y cargó contra todo el gobierno, especialmente el ministro de economía. Acá hay que aclarar que, cuando hablamos de cargar contra “todo el gobierno”, estamos hablando de su propio gobierno. Así de loca está la situación. Como Guzmán se la veía venir, le tiró la renuncia por la cabeza en medio del show y todo se complicó aún más.

El lunes a la mañana el dólar ya estaba en 250 mangos. O sea que su sueldo había descendido a 820 dólares. El zafarrancho armado por el recital de Cristina, acompañada en guitarras por el dúo Alberto y Massa, hizo que el dólar se recalentara cada vez más hasta cerrar este viernes en 275 pesitos.

Rebobinando: si el 3 de junio pasado usted ganaba 1000 dólares, hoy gana 745. En tan solo un mes, y con tres recitales, nos comió un 25% en dólares del sueldo. ¿Qué fue lo que pasó? Nada nuevo: Cristina Fernández de Kirchner.

El viernes a la tarde volvió a cantar en un acto que se hizo para inaugurar un cine en El Calafate (si, en la Argentina se inaugura un cine y va la Vicepresidenta). Esta vez se quejó de que Guzmán fue un irresponsable al renunciar, como si no hubiera sido Ella misma la que se pasó un año entero reclamando que lo rajen. No hace falta viajar hasta Wall Street para cruzarse con gente que no la entiende. ¡Ni los uruguayos la entienden y están acá enfrente!

Alguien tiene que calmar a esta mujer porque estamos a cinco minutos de que un sueldo de 205.000 pesos, que hace un mes eran 1.000 dólares y ahora son 745, se transforme en 500 o en 400 verdes. Dicho sea de paso, todo esto en un país en donde un médico residente gana 100.000 pesos, o sea 363 dólares mensuales.

En sus clases magistrales, Cristina nos explicó que la inflación era causada por los oligopolios. Raro, porque son los mismos oligopolios que están en Chile, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia y ninguno de estos países tiene nuestra inflación.

Después salió con que el problema era el endeudamiento. Más raro aún porque hay 50 países con una deuda superior a la Argentina y ninguno tiene inflación. Nuestra relación deuda/PBI es del 80% (deuda que ni siquiera pagamos) mientras la de Jordania es 87%, India 90%, Brasil 98%, Portugal 127%, Italia 140%, Japón 250% y así tantos países más. Los únicos genios con inflación alta somos nosotros.

El último hit de Cristina es que la inflación es culpa del bimonetarismo. Dato: Uruguay es más bimonetario que la Argentina y solo tiene 9% de inflación anual.

¿Qué será entonces lo que tenemos nosotros y que no tiene ningún otro país del mundo? Respuesta simple: kirchnerismo.

Hace 20 años que despilfarramos toda la guita que entra, y hace 20 años que le regalamos la luz, el gas, el agua y el transporte a todos, sobre todo a millones de argentinos de clases medias y altas que podrían pagarlo. Ahora el kirchnerismo propone un salario universal para 10 millones de personas. ¿Necesita la gente ese beneficio? Obvio que sí. ¿Tenemos la guita para bancarlo? Obvio que no.

¿Por qué Cristina insiste en defender la emisión descontrolada y regalar cualquier cosa? ¿Por qué regalarle a los sectores medios y altos? Respuesta: siempre puede pescar un voto más. Cristina necesita todos los votos posibles y, como todo el mundo sabe, allí donde hay una necesidad hay un derecho. En su caso, el derecho a la impunidad. De eso se trata todo este quilombo.

En el camino logró fundir al país. Por eso tal vez haya llegado la hora de que Alberto agarre la lapicera, firme un indultito y la calme de una buena vez.

Sería una tremenda injusticia, es verdad. Pero nos va a salir muchísimo más barato.

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