Opinión 26/06/2022 17:17hs

"PLAN HUMILLAR", la columna de Alejandro Borensztein

Durante años Ella vió por televisión cómo Alberto la denigraba. Tragó odio y aguantó. Dejó que él se acerque, merodee el anzuelo y huela la carnada: vas a ser el presidente, le dijo. Y el surubí picó. Desde entonces lo humilla sin parar.

”PLAN HUMILLAR”, la columna de Alejandro Borensztein

Antes que nada, se comunica a todas aquellas personas que solicitaron a la AFI inscribirse en el curso de instrucción de vuelo con los pilotos iraníes, que lamentablemente por ahora no va a poder ser, que más adelante vemos, que no va a faltar oportunidad y que muchas gracias por creer en Agustín Rossi.

Dicho esto, vayamos a lo importante. Ya no hay dudas sobre la trama que se esconde detrás del conflicto entre la casa matriz del kirchnerismo ubicada en el Instituto Patria y la sucursal que abrieron en el microcentro porteño, en Balcarce 50.

Como ya se informó en esta página en varias oportunidades, Alberto es topo. Confirmadísimo. Él se hizo elegir presidente para cumplir con una misión histórica: sabotear el gobierno que él mismo “preside” con el objetivo de destruir al kirchnerismo.

Su sacrificio personal en defensa de los valores republicanos y democráticos lo está transformando en un patriota y un héroe a quien la historia le tiene reservado un reconocimiento póstumo que ni él se imagina. Si lo logra, será billete.

Alberto está tan consustanciado con su papel de topo infiltrado para arruinarlos que a veces lo traiciona el subconsciente, como le pasó este lunes cuando, en medio del discurso, metió el bocadillo de “Garganta Profunda”. Contrariamente a lo que mucha gente cree, no fue un furcio producto de alguna de las pornos que pudo haber estado viendo últimamente, sino que fue consecuencia de tener omnipresente en su cabeza el apodo que usaba el informante del caso Watergate que terminó con el gobierno de Richard Nixon.

Mark Felt o “Garganta Profunda”, aquel agente del FBI que fue la pieza clave para arruinar a Nixon en 1974, es la fuente de inspiración que viene utilizando Alberto para arruinar a Cristina.

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La diferencia es que el topo americano tuvo la habilidad de pasar 30 años sin ser descubierto hasta que en 2004 se desclasificaron los archivos secretos y el mundo supo la verdad. Tiempo después, en diciembre de 2008 con 95 años de edad y el reconocimiento público, el Compañero Felt falleció plácidamente en su residencia de Santa Rosa, California.

En cambio Alberto lleva solo dos años y medio poniendo en práctica su plan secreto y ya están todos avivados. Quizá le faltó un poco de sutileza para llevarlo a cabo o tal vez lo traicionó la ansiedad. No sabemos. Con el diario del lunes es fácil criticarlo.

Si al exceso de frases memorables le sumamos la catástrofe económica que provocó, las festicholas en Olivos, los vacunados vip, la vacunación tardía, el sabotaje a la Pfizer, el dedito en alto, las filminas, el apoyo a Putin y la complacencia con las violaciones a los DDHH en Venezuela, Nicaragua y Cuba, tal vez lleguemos a la conclusión de que, en el proceso de autodestruir a su gobierno y al kircherismo, se le fue un poco la mano.

Sin embargo, aunque la estrategia ya quedó al descubierto, no lo pueden frenar. Por más evidente que sea el plan, el kirchnerismo no le encuentra la vuelta para neutralizarlo.

Mientras tanto, la trama continúa y emergen múltiples facetas que enriquecen la historia y que, tarde o temprano, llegarán a Netflix. Por ejemplo: ¿Que otros funcionarios son cómplices de Alberto, además de Gabriela Cerruti?

A propósito, es notable la habilidad que tiene la vocera presidencial en el arte de hacerse querer por las audiencias. Otra a quien la historia le tiene reservado un lugar que ni ella se imagina.

Es obvio que Guzmán, Feletti, Solá, Ginés o Cafiero son todos parte del plan. De otra manera no se entendería lo que hicieron. También son cómplices algunos que, haciéndose pasar por militantes de La Cámpora, manejan el área energética ayudándolo a Alberto a dejar al país sin gas oil y sin gasoducto. Sumemos algunas evidencias que comprometen a Zannini (recordemos la noche gloriosa en que reivindicó su vacunación VIP), el invalorable aporte de Luana Volnovich y su novio desde Cancún y las firmes sospechas sobre Verbitsky en el sentido de que operaría a favor de Alberto como doble agente, cosa que no sorprendería a nadie. Visto en tono de comedia, son el elenco de Nueve Reinas.

Como suele pasarle tantas veces, Cristina se dió cuenta un poco tarde. En general le cuesta entender algunas cosas, de hecho todavía no termina de entender cómo funciona la economía capitalista y por eso esboza teorías completamente estrámbóticas, según dicen asesorada por Kicillof (ojo, no descartemos que Axel pueda ser otro cómplice de Alberto).

Tal vez por eso esta semana, Ella empezó a tomar clases con Melconian. Ahora habría que conseguirle algún profe que le dé clases de Occidente.

Al plan de destrucción del kirchnerismo, Alberto le agregó una segunda jugada en paralelo que aprovecha los beneficios colaterales de su gesta patriótica. Veamos.

Si bien el dúo artístico Albistur-Tolosa Paz también es parte del plan del “presidente”, está claro que si todo fracasa y el kirchnerismo sigue en pie, difícilmente le vuelvan a prestar el bulo en Puerto Madero. Alberto no tendría donde vivir. Por eso está tratando de juntar un mango.

En cuanto asumió, el tipo agarró su canuto (siempre hay un canuto), lo invirtió en títulos argentinos y los puso a trabajar. Compra y vende acciones y bonos nacionales mientras los hace subir y bajar con sus propias declaraciones. Por eso un día dice una cosa (todo cae) y tres días después dice lo contrario (todo sube). Solo necesita comprar cuando baja y vender cuando sube. Él maneja el mercado.

Ejemplo: antes de viajar a Rusia a ofrecerle a Putin la puerta de entrada a Latinoamérica, el tipo vendió todo sabiendo que sus propias declaraciones iban a derrumbar los precios. A su vuelta de Rusia, recompró barato como consecuencia del pánico que él mismo provocó y al toque informó que tuvo una cena con Techint, confirmó reunión con Biden y condenó la invasión a Ucrania. Automáticamente todo lo que compró, subió. O sea, al mismo tiempo que destruye al kirchnerismo, se capitaliza. No es ningún boludo el “presidente”. Por lo menos una casa va a tener.

¿Y a todo esto Cristina no tiene ningún plan? Claro que sí. Desde el primer día y lo está cumpliendo a la perfección.

Durante años ella vio cómo Alberto la denigraba por todos los medios. Desde acusarla de corrupción a denunciar el despilfarro económico, pasando por el Memorándum al que llamó “plan presidencial de encubrimiento” o la reiterada definición de que Ella era “patética”.

Cristina tragó odio y aguantó. Dejó que él se acerque, merodee el anzuelo y huela la carnada: “Vas a ser el presidente”, le dijo. Y el surubí picó. Bingo.

Desde entonces lo humilla sin parar. Todos los días de su vida. Cada mañana ella lo desautoriza, le echa funcionarios, le publica cartas, le obliga a decir lo que ella quiere, le manda dirigentes a tratarlo de mequetrefe, okupa o borracho sin permitirle que los despida. La humillación es constante. Y para peor, lo obliga a disimular. “Es exactamente como dice Cristina” , dijo Alberto cuando Cristina le sacó el micrófono delante de todos en el acto del 18 de agosto de 2021. “Me reta, me reta” , agregó ese día mientras se reía de los nervios.

Esa es la venganza que Cristina le tenía reservada a Alberto: hacerlo presidente y humillarlo hasta el final.

Lo paradójico es que el Plan Humillar de Cristina coincide con el plan destructivo de Alberto. Cuanto más lo humilla más se arruina el gobierno, el Frente de Todos y por ende el kirchnerismo.

Y ahora que Cristina confirmó que Alberto era topo, Ella lo va a humillar cada vez más. Preparémonos para un espectáculo inimaginable.

Nunca tan oportuna la frase de Churchill: “Entre la humillación y la guerra eligieron la humillación y van a tener la guerra.”

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