Sociedad 26/01/2024 12:50hs

El cementerio en el que los vivos se pelean por estar: “Los niños la pasan estupendo“

Clarín habló con Sergio García, creador de un cementerio ficticio muy particular. También dialogamos con Guillermo de Oliveira, el director que lo popularizó en Netflix.

El cementerio de Sad Hill en Burgos, España.
El cementerio de Sad Hill en Burgos, España.
  La tumba de Hitoshi en Sad Hill. Foto: gentileza Luis Hitoshi Díaz
  La tumba de Hitoshi en Sad Hill. Foto: gentileza Luis Hitoshi Díaz
  Guillermo de Oliveira, director de ”Desenterrando Sad Hill”. Foto: gentileza Guillermo de Oliveira
  Guillermo de Oliveira, director de "Desenterrando Sad Hill". Foto: gentileza Guillermo de Oliveira
  Clint Eastwood en el plano más memorable de la película de Sergio Leone.
  Clint Eastwood en el plano más memorable de la película de Sergio Leone.
  El antes y después del cementerio de Sad Hill. Foto: gentileza Sergio García
  El antes y después del cementerio de Sad Hill. Foto: gentileza Sergio García
  Una vista cenital del cementerio. Foto: gentileza Sergio García
  Una vista cenital del cementerio. Foto: gentileza Sergio García
  Sergio García, uno de los tres fundadores de la Asociación Cultural Sad Hill. Foto: gentileza Sergio García
  Sergio García, uno de los tres fundadores de la Asociación Cultural Sad Hill. Foto: gentileza Sergio García
  García compara la restauración con el cementerio real. Foto: gentileza Sergio García
  García compara la restauración con el cementerio real. Foto: gentileza Sergio García
  Las diferentes zonas del cementerio. Foto: ACSH
  Las diferentes zonas del cementerio. Foto: ACSH
  Eastwood y Wallach con el cementerio ficticio de fondo.
  Eastwood y Wallach con el cementerio ficticio de fondo.
  Se trata de una de las locaciones más recordadas del film.
  Se trata de una de las locaciones más recordadas del film.
  Los turistas recorren el cementerio de Burgos. Foto: gentileza Sergio García
  Los turistas recorren el cementerio de Burgos. Foto: gentileza Sergio García
  Las ruinas de Betterville, el nuevo proyecto de Sergio. Foto: gentileza Sergio García
  Las ruinas de Betterville, el nuevo proyecto de Sergio. Foto: gentileza Sergio García
  El campo de prisioneros de Betterville en ”El bueno, el malo y el feo”. Foto: Turismo Castilla y León
  El campo de prisioneros de Betterville en "El bueno, el malo y el feo". Foto: Turismo Castilla y León

“Salí de la peli y sentí que como fan tenía que apoyarlos. Fue re simple. Mandé un mail, se lo pedí y ellos, muy atentos, tomaron nota y se disculparon por lo que podía tardar el trámite. A los dos meses me llegó un mail con la foto y un mapa que indica dónde está mi tumba”, cuenta el director de cine y conductor radial Luis Hitoshi Díaz.

A poco más de 10.000 kilómetros de la redacción de Clarín, en Santo Domingo de Silos, Burgos, en España, existe un montículo de tierra atravesado por una cruz de madera que lleva la inscripción: “Luis Hitoshi Díaz, Animal Boy”.

Jean Pierre, Niní, Louka, José Francisco, Henry, Abad, Oscar, Federica, Guillermo, Sancha, Hugo, Diego, Félix, Jorge, Chiri, Rubén, Nuria, Iván, Huséin, Iker, Vicente y Ana pagaron 15 euros para tener su cruz en Sad Hill. En la zona A1 del cementerio están las tumbas de ellos y muchas más personas. Lo mismo sucede en las zonas B1, C1, C2, C3 D1 y D2.

Las tumbas son cerca de 5.000. Ya no quedan cupos para vivos ni muertos. Hay, eso sí, lugares reservados para ciertos apellidos. Ya iremos a eso.

En el clímax de su popularidad, el cementerio llegó a tener 80 solicitudes en una semana. Todo el mundo quería su lugar, pero el terreno no daba a basto. Los organizadores tuvieron que poner un freno, por eso desde hace algunos años ya no se puede pedir cruces.

La película que vio Hitoshi esa noche es Desenterrando Sad Hill (Sad Hil Unearthed), un documental que cuenta la historia de unos fanáticos que descubrieron las ruinas de un “cementerio” debajo de diez centímetros de pasto y tomaron la decisión de reconstruirlo.

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En el final de Desenterrando Sad Hill (alerta, spoiler) aparece Clint Eastwood. Guillermo de Oliveira, el director de la película, documentó todo el proceso de restauración y consiguió la utopía de entrevistar al vaquero por excelencia del spaghetti wéstern.

-¿Cómo hiciste para conseguir a Clint Eastwood?

-Pues dije: ‘Quiero conseguir a Clint Eastwood’, entré a Google y empecé a buscar.

Hurgando en los confines de la internet dio con el teléfono de “la centralita” de los estudios Warner. Llamó y desde ahí lo derivaron a Malpaso Productions, la productora de Eastwood.

Durante meses intentó convencer a la voz emergente del teléfono de Malpaso de contar con un breve testimonio del actor. Esta le decía todo el tiempo que Eastwood estaba ocupado y le pedía que volviera a llamar dentro de unos meses.

Un día, después de decirle a esa voz que Ennio Morricone y James Hetfield ya eran parte de su documental, Guillermo consiguió su tan ansiado testimonio. Eastwood aprovechó un rato libre y grabó el video que sale en el final de la película.

El cementerio de Sad Hill es aquel en donde se desarrolla el inolvidable triello final de El bueno, el malo y el feo, el más representativo spaghetti wéstern de Sergio Leone. Es el sitio donde Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach dirimen para siempre sus diferencias mientras suena de fondo “El éxtasis del oro”.

El documental de una utopía

A diferencia del cantante de Metallica, quien se mostró muy predispuesto al diálogo, Morricone no quería saber nada con brindarle a Guillermo una entrevista. Sin embargo, la adorable esposa del compositor le consiguió una cita nada más ni nada menos que en su casa.

De Oliveira y su equipo no habían pasado ni cinco minutos en el búnker del compositor que Morricone ya los quería echar. “Por favor, ya hemos hablado de esto. Vienen desde España, siéntate con ellos. Sé amable”, le decía su esposa mientras el músico les prometía a todos que no abriría la boca por nada en el mundo.

Guillermo pensó que se iría sin entrevista, pero nunca resignó la idea de grabar a Morricone aunque sea echándolo a patadas a la calle.

Su poder de persuasión fue más que cualquier acto cascarrabia capaz de obstaculizar su entrevista. Inteligente, de Oliveira había llegado preparado. Ni bien pudo le regaló al italiano el mejor jamón español, el mejor vino y un CD de Paco de Lucía. Y así le ablandó la lengua.

Su película giró por el mundo. Fue nominada a un Goya y fue premiada en el festival de Sitges. No fue hasta su arribo a Netflix que se popularizó a nivel global y alcanzó los ojos de varios referentes del séptimo arte, como Álex de la Iglesia, Joe Dante, Sean Baker o Giuseppe Tornatore.

“El clímax de popularidad del cementerio de Sad Hill se lo debemos a Guillermo”, reconoce a Clarín el geólogo Sergio García, co-fundador de la Asociación Cultural Sad Hill (ACSH).

La ACSH tiene alrededor de diez socios. Cuenta con vocales y una junta directiva.

Sergio, el historiador Antonio Sanz y el periodista David Alba la crearon a partir de su fanatismo por El bueno, el malo y el feo, pero específicamente luego de una charla de bar que derivó en la alocada idea de ir a ver qué había pasado con el cementerio del final de esa película.

-¿Cómo se les ocurrió la idea?

-Yo siempre le doy vuelta a esa pregunta y digo: ¿Cómo no se le ocurrió a nadie antes? Se nos ocurrió con tres cervezas de más, hablando medio en broma medio en serio sobre las locaciones de El bueno, el malo y el feo en España.

Comenzaron de a poquito, con Guillermo y su cámara como una mosca en la pared, a intentar superar los obstáculos típicos de una empresa como la que deseaban encarar.

“Vivíamos un paraje que tiene muy poco que ver con lo que se hacía en 1966. España estaba en dictadura y la producción de Leone tenía permiso del régimen para hacer lo que quisiera con el terreno. Nosotros empezamos a trabajar en 2015, en un contexto en el que hay una legislación y una concientización ambiental muy diferente”, explica García.

Las cosas no fueron fáciles ni rápidas, sin embargo los permisos llegaron. Todo el proceso quedó registrado en la película: “Si el primer día el Ayuntamiento de la Consejería de Medio Ambiente nos hubiese dicho ‘sí, maravilloso, aquí hay maquinaria a vuestra disposición’ no habría quedado un documental tan bonito como el que hizo Guillermo. Estoy más que satisfecho con el trabajo”.

 

Locos por las tumbas

-Guillermo, ¿tenés tu tumba en Sad Hill?

-Sí, pero el nombre se me borró porque la madera está expuesta al Sol y al frío extremo del invierno.

Cuando las cruces están borradas llega cualquiera y escribe encima su nombre.

-¿Y pasó eso con la tuya?

-Seguramente.

Las cruces “requieren de un mantenimiento constante”, destaca el realizador. Y García no puede estar más de acuerdo.

El apadrinamiento de tumbas es de lo que más se arrepienten los impulsores del proyecto, ya que estas no fueron rentables a nivel económico y provocaron que la cosa se desbordara: “Si tuviese la máquina del tiempo lo habríamos hecho de otra manera”.

Sergio, Antonio y David pidieron 15 euros por el apadrinamiento de tumbas “sin pensar que la gente se iba a pelear por tener una tumba”.

Al trío se le ocurrió esa idea romántica para acalorar las almas de los fans de la película, pero sobre todo para atraer la atención de la prensa. “Es uno de los errores que ahora, viéndolo con perspectiva, se cometieron. Pues era pedir más dinero o no haber hecho lo del apadrinamiento”, reconoce García.

El geólogo lamenta la frustración de aquellas personas que van a Sad Hill y se encuentran con su tumba despintada o directamente ausente. De ahí la difícil decisión de dejar de ofrecer apadrinamientos.

Los lugares que quedan disponibles están reservados para miembros de la asociación o para personalidades de la película. “Si un día muere Clint se le hará una tumba con cariño”, dice García, y remarca que será una de las buenas.

La mayoría de las personas que solicitaron un lugar en Sad Hill son fanáticos del wéstern y de El bueno, el malo y el feo. Casi todos son buenos samaritanos. Solo una minoría rebelde complicó la aventura.

Muchos llegaron a pedir nombres raros que poco tenían que ver con la esencia cinéfila del proyecto o preguntaban si podían enterrar en Sad Hill las cenizas de algún familiar muerto. Sergio se encontró varias veces con una inglesa que quería sepultar en el cementerio las cenizas de su padre.

“Leímos correos electrónicos que nos pusieron la piel de gallina: ‘Se ha muerto mi padre hace dos meses. Lo hemos incinerado, no tiene tumba real y nos gustaría tener un sitio donde llevar flores’. Hay gente que para ellos es una tumba real. Es una responsabilidad tremenda, una tumba de verdad no vale 15 euros. Morirse es muy caro”, se sincera Sergio.

 

Una atracción turística por excelencia

Si bien cualquiera puede visitar Sad Hill, el sitio está resguardado por los trabajadores de la Sierra de la Demanda, el espacio natural al que pertenece. La ACSH no tiene propiedad legal sobre el cementerio, pero aún así realiza tareas de mantenimiento y toma decisiones sobre el lugar.

Sergio sostiene que “el 98% de la gente que visita Sad Hill es muy respetuosa, aunque al final siempre hay un porcentaje que puede ir un poco haciendo el gamberro. El personal del parque pasa de vez en cuando, pero tampoco hay vigilancia las 24 horas”.

Para visitar el cementerio no hay edad. Si bien el turista medio es un hombre de entre 40 y 60 años, el sitio es visitado por muchas familias y hasta por cursos de escuela. “He tenido excursiones con niños que se lo pasan estupendamente”, destaca Sergio.

García y los suyos comenzaron a reconstruir Sad Hill un sábado 3 de octubre de 2015. Trabajaron todos los fines de semana de octubre, noviembre y diciembre hasta la Navidad.

En enero, febrero y marzo de 2016 prácticamente no fueron al cementerio debido a las intensas lluvias en el lugar. Recién retomaron el ritmo habitual en abril, mayo y junio. Finalmente, en julio de ese año lo inauguraron para el aniversario número 50 de la película.

El sitio, que antes de 2015 era puro yuyo, ahora es una parada obligatoria para los turistas. “Cuando uno entra en Tripadvisor la tercera cosa más importante que ver en Burgos después de la catedral y las ruinas de Atapuerca es el cementerio. Es un reclamo turístico a nivel nacional de primer nivel”, dice de Oliveira.

 

El próximo proyecto de la ACSH

Sergio va por más. Ahora reconstruirá el Campo de concentración de Betterville, otra locación estelar de la película de Leone.

Está ubicado a 5 kilómetros del cementerio, lo que invitará a los turistas a visitarlo el mismo día que recorran Sad Hill. Una de las ideas de la asociación es descomprimir el cementerio, ya que hay días que explota de gente.

Betterville será restaurado con ayuda del Parque Natural en el que se encuentra. Hace dos años, 3000 hectáreas del mapa fueron destruidas por un feroz incendio. Con los restos de troncos que quedaron en la zona, el equipo construirá la empalizada que sale en la película.

La nueva atracción (que no contará con el puente de la película por motivos de logística y presupuesto) estará lista para la primavera española. Será una de las grandes vedettes del evento “gordo” que prepara la asociación para los 60 años de El bueno, el malo y el feo, en 2026.

Sergio piensa retirarse de las restauraciones cinéfilas después de Betterville, sin embargo no descarta cambiar de idea en uno o dos años.
 

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