Opinión 25/06/2023 21:29 hs

Groucho Massa

Los mandaron a votar a Scioli en 2015, a Alberto en 2019 y ahora a Massa en 2023. Dura vida la del militante kirchnerista para la liberación. Por Alejandro Borensztein

Principios. El cómico Groucho Marx y el candidato Sergio Massa.
Principios. El cómico Groucho Marx y el candidato Sergio Massa.

Tal como lo venimos anticipando desde hace tiempo, finalmente el Topo Alberto lo logró. Su plan para acabar con el kirchnerismo se fue cumpliendo a la perfección hasta coronar la faena con la designación de la fórmula Massa-Rossi.


Por si quedaba alguna duda sobre la capacidad de daño del “presidente”, el hundimiento de la candidatura de Wado de Pedro en solo 24 horas no hizo más que confirmar el tamaño del iceberg Fernández con el que chocó la nave kirchnerista.

Lejos de pensarlo como un hecho azaroso, este valiente defensor de la República que está sentado en el sillón de Rivadavia, planificó hasta el más mínimo detalle. Primero le hizo creer en 2019 a Cristina que con ella sola no alcanzaba. Luego la empaquetó con su propia candidatura para infiltrarse cual Caballo de Troya. Cuando en las PASO 2019 se abrieron las urnas y Ella vió que le había ganado a Macri por 17 puntos ya era tarde para sacárselo de encima. El virus ya se había infiltrado. El torpedo ya había sido lanzado. Finalmente, una vez instalado en el campo de batalla, Alberto llevó adelante una interminable sucesión de operaciones de sabotaje que fueron minando su propio gobierno para autodestruirse y, en esa gesta heroica, llevarse puesto a todo el kirchnerismo.

Ante la desesperación de Cristina que nunca lo pudo parar, el “presidente” utilizó todos los recursos de los que disponía: las inolvidables filminas, su pose de profesor universitario, las fiestitas en Olivos, el sabotaje a la vacuna Pfizer que mandó a la muerte a miles de argentinos, el vacunatorio vip, la devaluación que llevó el dólar de 60 a 500, la inflación superior al 100% y, por sobre todo, esa colección de frases memorables que fueron degradando su propio gobierno sin prisa y sin pausa.

Difícil elegir la mejor entre tantas máximas, algunos dirán que ofrecerle a Putin que Argentina sea la puerta de entrada de Rusia a Latinoamérica, una semana antes de la invasión a Ucrania, fue insuperable. Otros preferirán la de los brasileños y la selva, pero posiblemente la que mejor sintetiza el plan y la más premonitoria fue dicha el 29 de mayo de 2019 cuando, en el primer reportaje exclusivo otorgado al diario Página 12, declaró: “Que Cristina esté conmigo es maravilloso, es como tenerlo a Messi: yo soy el nueve que hace los goles” (posta). No había asumido y ya la estaba cargando.

En un intento de bajarle el precio a Alberto, algunos explican la catástrofe del gobierno por la propia incapacidad de Cristina. “Cuando lo eligió a Boudou, todavía el Topo no estaba operativo”, suelen decir por ahí. Puede ser, todo ayuda.

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Ahora solo resta descubrir si Massa fue cómplice del Topo y es parte del plan o estamos ante un audaz ventajero con ambición de poder y negocios que acabará estrellado contra algún opositor con dos dedos de frente, si es que se verifica que existe alguno. El tiempo lo dirá. No falta mucho para saberlo.

Lo concreto es que en 2015 Massa dijo textualmente “voy a barrer a los ñoquis de La Cámpora” y luego en 2019 cambió de opinión y pasó a barrer para los ñoquis de la Cámpora desorientando a propios y ajenos. Finalmente cumplió en parte con su promesa: barrió a La Cámpora de la fórmula presidencial.

Por lo demás, es un gambeteador profesional. Dice una cosa y luego dice otra. Amaga para un lado y sale para el otro. Tiene la cintura de Rojitas y de Ortega. “Estos son mis principios pero si no les gustan tengo otros” es una de las frases más famosas de Groucho Marx que, con el tiempo, inexorablemente será atribuida a Massa.

En cualquier caso, ahora que la máxima jerarquía kirchnerista aceptó y confirmó por unanimidad, mamá y el nene, la formula presidencial que los militantes deberán votar, podemos dar por iniciado el proceso electoral.

Definitivamente la sociedad argentina se encamina hacia las elecciones de octubre. Por un lado están los hinchas de las democracias occidentales que deberán debatir, reflexionar y elegir entre las distintas opciones que la política les ofrece y por el otro están los kirchneristas que la tienen mucho más fácil: votan lo que se les ordena y a otra cosa mariposa. En suma, todos contentos.

Tan obediente es esa militancia que, por el simple hecho de que Cristina se los había ordenado, las mujeres pañuelo verde iban a votar a un referente del pañuelo celeste. Y chito la boca.

Al final, la nominación de Manzur se abortó, con perdón de la paradoja, y las militantes kirchneristas se salvaron de tragarse ese sapo. Ahora van a tener que votar a Massa. No está claro qué era peor. En 2015 los mandaron a votar a Scioli, en 2019 a Alberto y en 2023 a Massa. Dura vida la del militante kirchnerista para la liberación.

¿Como habrá sido el proceso? Simple. Más allá de si lo mandó Alberto o fue un emprendimiento propio, lo concreto es que Massa hace varios años que se viene chamuyando a Máximo, aprovechándose de que es un pibe de escasas luces y las pocas que tiene suelen estar apagadas. Luego de enredarlo, Massa se sentó con la mamá y le explicó lo complicado que sería para el país que él se enojara y empezara a mandar mensajitos al FMI. Cristina habrá entendido el mensaje por lo que decidió explicarle a los pibes para la liberación que la revolución no la vamos a hacer con Wado, el de la Patria Socialista, sino con Massa, el de la Patria Ucedé y que, en todo caso, más adelante iremos viendo.

¿Vuelven los 90? ¿El kirchnerismo que nació en el menemismo apoyando indultos y privatizaciones vuelve vencido a la casita de los viejos? ¿El eterno retorno al vientre materno? ¿El lema será Massa al gobierno Alsogaray al poder? ¿Ganó Braden? ¿Vuelve el 1 a 1? ¿Un dólar una luca? Tal vez habría que pedirle al Topo que levante la pata del acelerador y afloje un poco. Una cosa es destruir el kirchnerismo y otra muy distinta es humillarlo.

En síntesis, mango más mango menos, así es la historia. El único dato que nos falta saber es cuánto nos costó a los argentinos que se baje Scioli. Calculando que fue una candidatura armada en pocos días con una inversión inicial bajísima (apenas un teatro y unos afiches, todo bancado por Albistur), el negocio debe haber dado muy bien.

Ahora vendrán los argumentos extraños onda “usemos a la derecha para ganar y después, una vez en el poder le pedimos a Máximo que haga la Patria Socialista”. Otra podría ser “Cristina le cedió el terreno al que mide mejor para conservar la provincia, esperar que Massa pierda, que todos se estrellen y así Ella vuelve con los pibes para la liberación y hacemos la revolución”. Para inventar relatos son mandados a hacer.

¿Qué chances tiene Massa? Dependerá de cuántos topos haya en Juntos por el Cambio. A simple vista hay varios. Veremos con qué talento.

Difícil que sean tan geniales como Alberto.

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