Política 25/05/2023 17:51 hs

La Ruta del Dinero K y un premio para Cristina con una centralidad política determinante

El pedido de sobreseimiento para la vicepresidenta de la Nación fue firmado por el fiscal Guillermo Marijuan de manera sorpresiva.

Guillermo Marijuan
Guillermo Marijuan

La impactante noticia que el fiscal Marijuan difundió este miércoles, en el amanecer de un fin de semana extra largo, es un excelente empujón simbólico para Cristina Kirchner, pero mucho más que eso: el pedido de sobreseimiento de la vice en la causa icónica de la corrupción K -ni por asomo la más importante ni gravosa- puede ser una pieza fundamental en la disputa por las candidaturas del oficialismo en la que Sergio Massa, Wado De Pedro y Axel Kicillof quieren ser apuntados por el dedo de Cristina.

 
Empecemos por los datos duros: Marijuan fue el funcionario judicial más perseverante y consecuente con la investigación de la llamada Ruta del Dinero K desde el momento mismo en que esa fabulosa maniobra de lavado de dinero fue divulgada por Nicolás Wiñazki en el programa Periodismo Para Todos, de Jorge Lanata, hace ya diez años.

En marzo de ese año, recordemos, Cristina aún era la presidenta del 54% de los votos, como le gustaba autodescribirse. Ni siquiera había cobrado forma el Frente Renovador que ese año echaría a la basura el sueño de una nueva reelección de la viuda de Kirchner. Tampoco había avanzado en los tribunales el caso conocido como "obra pública", denunciado en 2009 por Elisa Carrió y varios de sus diputados, y que sólo cobró velocidad desde 2016 bajo el nombre de Vialidad, concluido en diciembre con una resonante condena a la ahora vicepresidenta y su socio Lázaro Báez.

Otras dos causas judiciales muy amenazantes para Cristina y atiborradas de pruebas en su contra, Hotesur y Los Sauces, ni siquiera se habían denunciado en Comodoro Py. Ni hablar de la más poderosa de todos, iniciada en 2018 con los radiactivos Cuadernos de las Coimas.

Este repaso es necesario para valorar el impulso que Marijuan le dio a la investigación de la Ruta del Dinero K, mientras el gobierno interponía en su camino decenas de obstáculos. Algunos fueron públicos, otros no.

Desde aquel tibio abril de 2013, el fiscal cargó contra Báez y Cristina pidiéndole al juez Sebastián Casanello pilas de medidas de prueba, desde sus incursiones con excavadoras por la estepa patagónica a puntillosos exhortos a la banca suiza o la justicia estadounidense. El contratista iba quedando más y más enredado, hasta que el pornográfico video de su hijo y sus colaboradores contando millones de dólares bajo el humo de los habanos y los efluvios del whisky obligó a Casanello a ordenar su detención. Ya era 2016.

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Entre arrepentidos -encabezados por la certera confesión de Leonardo Fariña-, pruebas de ensortijados circuitos offshore para sacar y traer fortunas del país, y allanamientos a gigantescas estancias o garajes para más de 900 vehículos, distinta fue la suerte de Cristina en este expediente.

Con una indisimulada relación personal y económica con Báez, a la justicia le tocaba responder a una pregunta clave: ¿el dinero que lavaba el contratista entre 2010 y 2013 era de Cristina, o en verdad el apuro y la desprolijidad para esconderlo desnudaban el intento de "mejicaneárselo" a la presidenta? Desde luego, es una discusión entre tahúres. Pero según la respuesta que las pruebas permitiesen formular, la ahora vicepresidenta quedaba de un lado u otro del banquillo de los acusados.

Volvamos entonces a Marijuan, encargado de impulsar e interpretar esa información. Hasta ahora, había resistido y apelado las dilaciones de Casanello en el trámite del expediente, y acompañó las órdenes de la Cámara Federal para investigar con nuevas medidas la posible responsabilidad de Cristina en la manipulación de este flujo de fondos descubierto por Wiñazki y convalidado por su propio trabajo.

Aclaramos y subrayamos "este flujo" de dinero, porque la Ruta del Dinero K fue solo una de muchas canillas de supuesto lavado de dinero proveniente del Estado -única fuente de Báez- que tuvieron como protagonistas a Néstor y Cristina Kirchner junto a su partenaire como proveedor de obra pública. En el dictamen de este miércoles, Marijuan lo repite al menos tres veces.

Pero no encontró pruebas del beneficio o la participación de la ahora vicepresidenta en las correrías de Báez con Fariña, Elaskar y el amateur equipo de lavadores que trabajó para él luego de la muerte de Néstor. Aunque un posible encubrimiento de esas maniobras podría haber hallado asidero en la justicia, el fiscal concluyó -razonablemente según las pruebas recolectadas- que Cristina no debe ser acusada en esta causa.

Hasta ahí, la interpretación jurídica. Pero el bombazo que Marijuan disparó este miércoles podría tener también una lectura política, en la que el fiscal cede protagonismo ante uno de sus referentes políticos más cercanos: el ministro de Economía Sergio Massa.

Entregado en cuerpo y alma a una carrera contra el tiempo -y a veces contra leyes como la de la gravedad- para ser el candidato único del oficialismo, y teniendo en cuenta la exuberancia de sus recursos para persuadir sobre su hipotética influencia, Massa podría ser visto como el beneficiado directo de la resolución de Marijuan.

En primer lugar, a Massa no le costaría mucho convencer a la vice de que el fiscal que pidió que ella sea sobreseída tiene muchos y añosos vínculos con él mismo. La intempestiva medida de Marijuan, firmada minutos antes de un fin de semana largo y un día antes de la marcha del kirchnerismo a la Plaza de Mayo, abren la posibilidad de generosas interpretaciones.

Alberto Fernández nunca pudo o nunca quiso mejorar la situación judicial de Cristina en ninguna de las causas que la atormentan, a pesar de que esa fue la piedra basal del pácto que lo llevó a la presidencia. Para la señora Kirchner, aquel acuerdo no se cumplió. En su apuesta a todo o nada, mientras crece la sombra de Wado De Pedro sobre sus pretensiones presidenciales, Massa puede contar un gol a su favor en la carrera por ser el designado por la vicepresidenta. No será la primera jugada que agita el ministro más allá de las cartas que tiene en su mano.

 

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