Salud 20/11/2022 18:50hs

La esperanza de un ensayo clínico del cáncer: tres pacientes cuentan cómo les cambió la vida participar

Un estudio no sólo da la posibilidad de probar una droga innovadora, sino también de mejorar la calidad de atención. Las historias de Elsa, Silvia y Mercedes.

A Elsa Gabotto le dieron seis meses de vida por un cáncer. Pero un ensayo cambió el pronóstico.
A Elsa Gabotto le dieron seis meses de vida por un cáncer. Pero un ensayo cambió el pronóstico.

“La doctora me dijo que en 6 meses me iba a morir”, recuerda Elsa Gabotto (68). Su sueño era estar en el cumpleaños de 15 años de su nieta y decidió buscar algo más “fuerte” que la quimio que le ofrecían en el hospital. Pidió rayos, y le dijeron que no iba a funcionar. Cambió de hospital. Una médica le ofreció que probara con un ensayo clínico y no lo dudó. Tres años después, en el último estudio salió que ya no había tumor.

La pelea contra el cáncer no terminó, alerta la mujer de Mar del Plata a Clarín y cuenta que sigue bajo controles periódicos. Sin embargo, la evolución no deja de sorprenderla. Es que se lo reconoció también la médica que la trató: “Esto era impensable”.

En la Argentina, un país que no se encuentra dentro de los líderes en volumen de investigaciones clínicas, los ensayos vienen en aumento, sobre todo desde la irrupción de la pandemia. Desde mediados de 2020, muchos se sumaron a los estudios de vacunas contra el Covid y, para cuando llegaron las primeras Sputnik V, a principios de 2021, todos eran expertos en términos como “fase III” o “placebo”.

Fue un verdadero “salir del closet” en términos de prejuicios, según demostraron las estadísticas. La Argentina fue sede en 2021 de 212 ensayos clínicos, un 16% más que el año anterior y la cifra más alta de la última década, según un relevamiento de la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEME), que estima que hubo un correlato de ese aumento en un incremento de voluntarios.

El coronavirus marcó la agenda, con una importante proporción de esas investigaciones destinada al área de la infectología (31% de los ensayos en 2020 y 28% en 2021). Sin embargo, la oncología fue el área que dominó en ambos años: 43% y 46%.

A Elsa, fue un bultito en el pecho le que le permitió detectar en 2019 un cáncer triple negativo que se había originado en una mama y que ya se había esparcido a otras zonas, como la axila, dos arterias coronarias, la aorta y el riñón. También le diagnosticaron un conglomerado de nueve tumores en el esternón. “Me dijeron que no era operable, porque ya estaba avanzadísimo todo”, cuenta a Clarín.

PUBLICIDAD

Del Hospital Interzonal de Mar del Plata se fue a buscar más opiniones al Hospital Houssay, de la misma ciudad, y de allí se fue al Instituto de Investigaciones Clínicas a probar con un estudio internacional del que participaban 800 mujeres de todo el mundo.

No lo olvida más: “Ese día, Dios me puso ángeles en el camino”.

A los tres meses, quedaba solo el tumor de la mama y la axila. El conglomerado mejoraba. “Tuve una úlcera, pero la doctora habló con Estados Unidos y me permitieron seguir. Me agarré Covid y me tuvieron que pasar de quimio a rayos, porque los tumores habían mutado. Volvieron las quimios y estuve pelada totalmente. Ni cejas tenía”.

En julio, tras dos años de ensayo, operaciones y otros tratamientos, llegó la buena noticia. “Me llama por teléfono la doctora y me dice que no había nada en la resonancia. Que había desaparecido todo. ‘Esto era impensable’, me dijo. Hay que esperar los nuevos estudios, pero hasta ahora, por lo que sé, no tengo más tumor”, dice.

Para la mujer, que cuenta con la cobertura de Pami, una de las ventajas fue haber accedido a una droga todavía no disponible en el mercado, pero también mejorar la calidad de su atención. En vez de viajar en colectivo, el laboratorio internacional le pagaba los viajes en taxi y, si necesitaba un medicamento o un estudio, lo disponía en seguida.

Otro de los motivos que impulsan a participar a algunos pacientes es el acceso mismo a determinados medicamentos de alto costo. En ciertos ensayos de fase III, que suelen ser los que alcanzan a la Argentina (porque requieren un número más elevado de participantes y se reclutan en distintos lugares), no se compara la droga de investigación contra un placebo.

En oncología, por ejemplo, se compara la seguridad y eficacia del nuevo medicamento o terapia con respecto al tratamiento estándar más avanzado disponible en el mercado. 

Los medicamentos para enfermedades poco frecuentes están contempladas por el Estado dentro de las coberturas, pero muchas familias tienen que presentar recursos de amparo para que las prepagas u obras sociales las paguen. Lo mismo puede pasar con tests genómicos necesarios para estudiar drogas para una mutación específica.

“Son drogas que están fácil 250 mil pesos”

 

Silvia Lugo tiene esclerosis múltiple y participa de un ensayo clínico.


Silvia Lugo había decidido irse del país y, como parte de otros trámites, suspendió la obra social. Sin embargo, el viaje se postergó primero por la pandemia y luego cuando comenzó a manifestar síntomas de esclerosis múltiple, una enfermedad crónica del sistema nervioso que afecta al cerebro y la médula espinal.

Estaba cumpliendo el aislamiento sola en su casa, cuando empezó a sentir que la electricidad le recorría el cuerpo y le apretaba desde los músculos hacia adentro hasta los huesos. “Mi cuerpo se paralizó, me dejó sin caminar y sin sensibilidad de la cintura para abajo”, cuenta a Clarín.

El problema: “La esclerosis múltiple es una de las enfermedades más caras que existen”, explica a Clarín la mujer de 55 años, que vive en Villa Constitución, Santa Fe. “Muchos se atienden a través de hospitales que usan drogas más viejas o anteriores a las que están más avanzadas en el mercado. Y las prepagas intentan por todo los medios evitarlas, por lo que se tarda mucho más tiempo en llegar al mejor medicamento posible”, sigue.

Se empezó a atender de forma particular y fue mejorando, pero el “brote” no pasaba. “Meditaba y trataba de llevarlo, pero a la vez comencé a leer muchísimo. Un día encontré ‘Un ensayo para mí’ (NdR:una organización que ayuda a pacientes a encontrar un protocolo de investigación en el que puedan participar) y un estudio de fase III para esclerosis, y tras investigar mucho se lo planteé a mi neuróloga. Lo primero que me dijo es que eso ‘era para ser un ratoncito de laboratorio’ y se negó a darme mi historia clínica. Pero insistí y entré”.

“Yo sabía que si me tocaba la droga del estudio iba a estar probando muy probablemente la terapia del futuro, lo que se viene. Pero la otra, la que ya está en el mercado, era imposible de acceder para mí de otra manera. Está fácil 250.000 pesos y las prepagas, yo sé por muchos, que tratan por todos los medios de no cubrirte, lo que hace que muchos pacientes terminen desistiendo”, explica.

En hospitales públicos, sigue la mujer, “no les queda otra que cubrirlo”. Sin embargo, “no es sencillo llegar a esos medicamentos, porque hay menos recursos y primero intentan que pruebes todos los otros tratamientos”, explica.

Silvia todavía está en el punto ciego del ensayo, en el que los pacientes desconocen cuál de los tratamientos reciben para no influir en los resultados. “Lo que sí puedo decir es que lo que hizo con mi cuerpo es maravilloso. Volví a sentir cada parte, los pies, todo. Estoy muy contenta”, afirma la mujer.

“Creo que todavía hay mucho prejuicio y desconocimiento sobre los ensayos. En mi caso, tuve la bendición de caer en Un ensayo para mí y también influyó que al no tener cobertura médica no tenía nada que perder. Obvio, que la ciencia para mí explica solo un 70%. La singularidad es el gran milagro de la existencia del ser humano y siento que la vida me preparó para este trabajo interior y sin esa fuerza interior no hubiera sobrevivido a todo esto", opina.

El después de un ensayo clínico


Mercedes Iriarte tiene 41 años, es odontóloga y desde 2018 convive con la enfermedad de Crohn, que provoca inflamación intestinal con síntomas que pueden ir desde el dolor abdominal a la malnutrición. Como otras enfermedades poco frecuentes (EPOF), se desconoce cuántas personas la tienen en la Argentina.

Acostumbrada por su profesión a los ensayos clínicos, formó parte de un estudio de un año entre septiembre de 2021 y de 2022. "Durante todo el año, dentro del ensayo respondí super bien. No solo me volví asintomática sino que había remisión de las lesiones intestinales. Fue super buena la medicación".

Cuando terminó, conoció que lo que había estado probando era la droga de comparación. Es decir, la medicación de mejores resultados que ya estaba aprobada médicamente. En su caso, era un fármaco indicado para el tratamiento de la enfermedad de Crohn activa, de moderada a grave, en pacientes adultos que hayan tenido una respuesta inadecuada, presenten pérdida de respuesta o sean intolerantes al tratamiento convencional.

"Pero en la prepaga nos denegaron esa medicación", cuenta Mercedes, que llegó a pesar 45 kilos por la pérdida de peso durante un brote. "La enfermedad tiene períodos de reagudización. En lo que más interfiere es que hay dos o tres semanas que te sentís mal físicamente y no podés ni siquiera asomar la nariz por el laburo, que para mí es una actividad super sanadora que te conecta con algo vital. Después en lo emocional, la posibilidad de pensar que puede pasar algo es un miedo constante".

Con un poco de pelea, la prepaga aceptó cubrir el medicamento, aunque no en la misma dosis que proponía el ensayo. La odontóloga tuvo que ir a una auditoría médica, y rechazar luego una medicación alternativa.

Legalmente, los laboratorios tienen que garantizar que la droga probada en el ensayo siga estando disponible para los pacientes que participaron de los estudios, cuando los resultados fuesen positivos y en el caso de que los pacientes no puedan acceder por su cuenta, explica la mujer. 

"Me ofrecían una droga más económica y que tenía un mecanismo de acción diferente. Podía ser que esta otra medicina funcionara, sí, pero también podía pasar un año retrocediendo en lo que había logrado. Y uno no se quiere prestar a eso. Así que volvimos a solicitarla, y recién ahora nos dieron el OK", cuenta.

Más de Salud